miércoles, 12 de marzo de 2014

Esposas solas, pero contentas

2 años de
Las lecturas de Ruth
¡¡FELICIDADES!!



Día 365+365=2 años
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.


A lo largo de estos 2 años de empezar con este gran reto personal, la vida me ha enseñado que nada se logra sin tener metas, fines, sueños que requieren un verdadero compromiso, voluntad  y esfuerzo arduamente para llegar a ello; que las rutinas no son un problema sino la solución para ser hábiles en lo que queremos lograr. Pero también me ha enseñado que en ocasiones no todo depende de nuestra voluntad sino que necesitamos mucha fe ante Dios, y que hay pasajes de la vida, de todas personas, que sólo están sujetas por este hilo que te sujeta aún en los peores momentos y en la muerte misma. Esta entrada se la quiero dedicar con mucho cariño, amor y respeto a una mujer ejemplo de independencia, valentía y coraje ante la vida y con una gran fe, que sé que ahora baila con los ángeles del cielo, gracias Abuelita Matilde Ángeles.





Hay mujeres casadas que son dinámicas, alegres, activas, pero se ven limitadas, aburridas y coartadas en su potencial por su esposo. A estas que no las dejan trabajar, estudiar o desarrollarse en algún trabajo remunerable, son las que mayor injusticia social y conyugal viven, porque en el momento en que se imponen para hacer lo que quieren hacer, son tachadas, insultadas o dejadas por sus esposos. Pero, también llega a haber otro escenario mucho más favorables para ellas, como en el caso de estas mujeres que tiene que quedarse en su pueblo mientras el esposo se va a otra nación a “probar” suerte, la soledad para ellas no es un mal, sino un remedio.



“[…] Sabido es con qué placer asombrado las mujeres, que lamentan sinceramente la ausencia de su marido, descubren en sí mismas, en esa ocasión, posibilidades insospechables; administran los negocios, educan a sus hijos, deciden y administran sin ayuda. Y sufren cuando el regreso del marido las condena de nuevo a la incompetencia. […]” (pp. 437-438)



Recuerdo con mucho cariño y admiración a una de estas mujeres que estaba sola, porque el esposo le mandaba dinero desde Estados Unidos (historia común en los pueblos de México), ella llevaba toda la carga de su casa, siembra e hijos, pero recuerdo que se le veía feliz, activa, viva; cuando se le preguntaba por su esposo ella decía que estaba trabajando del otro lado y que mejor se quedara allá porque daba mucha lata acá. Años después se que regresó él y ella sólo lo aguantó pocos años cuando lo mandó de nueva allá. ¿Por qué no lo quería cerca? La respuesta no es cuestión de mucha inteligencia, podemos entender que cuando estaba sola era libre de tomar decisiones sobre ella y sus hijos, pero cuando estaba él no era así, se tenía que hacer lo que el señor mandaba, porque a los maridos les toca decidir. Yo creo que estos roles están cambiando lentamente, y que por lo menos yo abogo no por la dominación sino por el acuerdo, ¿y tú, no aguantas a tu esposo?[1]















[1] http://estilofemenino.com/2011/09/5-reglas-para-que-una-mujer-sea-feliz/